Había imaginado este escenario durante varias noches en mi cabeza: checos completamente desatados, los cimientos del estadio temblando, la lluvia cayendo como si fuera la última escena de una película romántica en la que dos enamorados se separan para ir a la universidad, 90 minutos sin parar de animar y aficionados con bengalas dando el toque carismático al ambiente. Podría ser un sueño o una pesadilla. Podría ser la última película de Mario Casas o la trama de un libro olvidado al fondo de la estantería. Pero no, es un día como hincha del Sparta Praga, el equipo con una de las aficiones más peligrosas del mundo.
El ambiente serio y apacible del centro de Praga se rompe al cruzar el río Moldava en dirección al Generali Arena. El estadio nos recibe con las pintadas de un ultra encapuchado y con el nombre que en antaño distinguía al recinto: Stadion Letná. Las aficiones del Sparta Praga y del Viktoria Plzen se aproximan escoltadas por una multitud de policías, mientras los cánticos se adueñan de la atmósfera y crean un clima de hostilidad no apto para personas con hipersensibilidad auditiva. En este momento, me acuerdo de Franz Kafka y de su frase: «En tu lucha contra el resto del mundo te aconsejo que te pongas del lado del resto del mundo». Pero esta vez, atribuida a los espartanos: «En tu lucha contra la afición del Sparta te aconsejo que te pongas del lado de la afición del Sparta».
La locura es el refugio de quienes ya no encuentran paz en la realidad. Y los aficionados del Sparta lo demuestran siempre con la dureza. En el año 2018, en un encuentro de Europa League que disputaban frente al SP Subótica, y tras caer eliminados ante el conjunto serbio, saltaron al terreno de juego para agredir a sus propios jugadores. Y sin ir más lejos, en mayo de 2024, tras ganar la final de la Copa de la República Checa ante el Viktoria Plzen, los aficionados de ambos conjuntos invadieron el campo, desatando una batalla campal que solo pudo disolver la policía. Por anécdotas como estas, el conjunto de Praga figura en el ranking de aficiones más peligrosas del mundo.
Entramos en el estadio con cuidado, no queremos problemas con nadie. Ahí nos damos cuenta de que es un campo de los que nos gustan. Aquellos de antaño, con las gradas pegadas a los jugadores y asientos de plástico más incómodos que un mal chiste. La afición, desde el minuto uno, no deja de cantar y de saltar para impulsar a los suyos. Pero el espléndido inicio del encuentro no tuvo nada que ver con su fatídico final. El partido empezó con un sol veraniego y un gol del Sparta en el minuto 8, y acabó bajo una lluvia incansable y con un 2 a 4 a favor de los de Plzen. Pese a ello, los espartanos se quedaron en la grada, desolados bajo el agua y animando sin parar ni un segundo. Nos fuimos con un sabor agridulce, pero con una sabia lección: los aficionados son los que hacen que esto de la pelota merezca la pena.